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El vientre materno, campo de batalla

Oihana Llorente

Cuando las cosas se ponen feas quién no ha anhelado alguna vez volver al amparo del vientre materno. Ese es nuestro primer hogar, en él nos formamos y crecemos, y solo cuando creemos estar preparados decidimos salir para conocer un mundo nuevo.

Esta fue la lectura que llevó a cientos de gasteiztarras a construir hace dos  fines de semana un vientre colectivo. Decenas de cordones umbilicales solidarios resguardaron a Ekaitz Samaniego de la brutal vulneración de derechos civiles y políticos a la que ha sido sometido.

El alumbramiento y el vientre materno no es, sin embargo, tan modélico y seguro como parece. En ocasiones se ha llegado a convertir, incluso, en campo de batalla. Tras años de silencio e indefensión, las exhumaciones realizadas estos días en Gipuzkoa no hacen más que deparar un auténtico escándalo y, por desgracia, parecen confirmar las sospechas existidas durante décadas en torno a los bebés robados a sus madres. Muchas de estas niñas fueron arrancadas de su entorno para abortar una nueva generación republicana y amamantarlas como fieles cristianas discípulas del régimen. Sin embargo, lo que empezó siendo una estrategia represiva acabó por convertirse en un lucrativo negocio de compra-venta en el que están involucrados miserables médicos, abogados, curas, monjas… Las tímidas investigaciones abiertas al respecto ofrecen algo de luz y esperanza a este pasado que se antoja oscuro. Son inaceptables las posturas que, como con las víctimas del franquismo olvidadas en fosas comunes, inciden en no reabrir estas heridas. La mayoría de las víctimas en el caso de los bebés robados continúan vivas y la Justicia debe tomar cartas en el asunto.

Más allá del dictamen judicial, cada persona que descubra que sus padres lo adoptaron ilegalmente deberá hacer frente a su particular y terrible dilema moral. Algunos cerrarán los ojos para no ver que fueron sustraídos a sus madres biológicas, otros perdonarán a sus padres adoptivos, y algunos acabarán odiando a los que consideraban como padres por la injusticia cometida contra sus verdaderas madres.

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