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¿Ejemplo a seguir?

Oihana Llorente

Por fin se acaba la Navidad, esa época en la que el consumo arrastra a uno a comprar detalles a aquellas personas de las que poco se acuerda el resto del año. Pocos pueden escapar de la garras del espíritu de la Navidad, y es que la televisión, su eterna aliada, no hace más que emitir películas de Papa Noel entre una marea de anuncios publicitarios. Juguetes rosas y azules, no se vaya una a confundir, y perfumes para caperucita o la loba de Shakira. Poca variedad encontró el carbonero en la caja tonta.

Tampoco existe variedad en los cánones de belleza que imperan en la televisión, obligando incluso al propio Olentzero a adelgazar unos kilitos y a afeitarse para entrar en pantalla hace un par de años. Espero que los magos de Oriente le hayan dejado hoy parches de nicotina en su zapato, por que ya puede ir olvidándose de la pipa el próximo diciembre.

Bromas aparte, la extrema delgadez de la que hacen gala modelos y actrices, conseguida normalmente bajo desórdenes alimenticios y jornadas dedicadas al gimnasio, es, desgraciadamente, la figura deseada por la gran mayoría de las jóvenes. Esas desconocidas de la gran pantalla conforman el ideario de la mayoría de las adolescentes, y los trucos de estas reinas de la moda desvelan la hoja de ruta a seguir. Por este motivo es totalmente intolerable que actrices como Megan Fox admitan abiertamente que para mantener su figura pueden pasar una semana entera sin comer. Este tipo de confesiones, además de mostrar la enfermedad de la propia actriz, puede generar enfermedad e incluso muerte.

Las declaraciones de Fox coincidían en el tiempo con la muerte de Isabelle Caro, la modelo y actriz francesa que puso cara a la anorexia más salvaje. Su cuerpo desnudo, bajo el prisma de Toscani, quería alertar a las jóvenes de los peligros de los dictados de la moda.

Su imagen consiguió escandalizar a la ciudadanía, pero su lucha no ha evitado la muerte, que le ha llegado con tan sólo 28 años, ni que el mundo de la televisión varíe ni un milímetro. Los responsables de las televisiones deberían ser conscientes de que todas y cada una de sus decisiones, sean éstas acertadas o no, inciden en el público, y más aún en los y las adolescentes, que pueden llegar a morir por un físico inalcanzable.

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