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Elementos banales y trágicas muertes

Oihana Llorente

La trágica noticia de la muerte de la tolosarra Elena Cal nos ha azotado a los pocos días de arrancar este 2010. Pese a las convenientes estadísticas lanzadas por la ministra española de Igualdad, Bibiana Aído, no ha tardado en arrancar la negra historia de las mujeres asesinadas y que el pasado año, sólo en Euskal Herria, se escribió con la sangre de siete mujeres.

El vaticinio para este año no parece ser mejor, y es que el mismo día en que conocíamos esta primera muerte, supimos que una joven barakaldarra ingresaba en el hospital con pronóstico grave tras lanzarse por un desnivel para huir del hombre que la intentaba violar.

Las violaciones y las muertes son el escaparate más atroz y cruel de la violencia sexista. Estos brutales ataques, que son repudiados por los medios de comunicación y las instituciones, son a su vez, la consecuencia de un sistema injusto. Una consecuencia no proyectada quizás, pero consecuencia al fin y al cabo. Existen centenares de agresiones y vulneraciones que pasan desapercibidas, bien porque no se ven, o bien porque no interesa verlas. Y esta invisibilidad otorga una impunidad excepcional a la violencia sexista; un privilegio que se extiende a todas sus expresiones.

Un reciente estudio ha reflejado que en la mayoría de las fiestas de Euskal Herria las mujeres son arrinconadas y olvidadas. La costumbre existente de celebrar todo alrededor de una mesa obliga a las mujeres a pasar la celebración entre pucheros; un don para la cocina que sin embargo no se ve representado después en los concursos gastronómicos, donde la participación de la mujer es casi nula. La presencia de la mujer ni si quiera está garantizada en la organización de la fiesta, espacios alejados para la mujer, si no son prohibidos como es el caso de algunas sociedades gastronómicas, y este hecho mella la oferta final.

Estas costumbres arraigadas a más no poder en nuestros pueblos y barrios son el leve síntoma de un sistema enfermo que hay que tratar desde la raíz. Pero si no somos capaces de transformar elementos tan banales, continuaremos cruzando los dedos y esperando estadísticas favorables para este 2010.

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